En aquel lugar el aire era dulce, la hierba verde y limpia un amplio prado que se extendía más allá de dónde mi vista alcanzaba. Las nubes eran blancas y esponjosas. Todo estaba en silencio, era perfecto, no había nadie.Ni un insecto, ni tan siquiera un animalito, no había nada. Podría correr e ir a explorar ese lugar pero, no sé por qué, me tiré al suelo y me tumbé a mirar las nubes. ¡Qué bellas y blancas!
Pero entonces, aun sin ser el momento ni el lugar, me pregunté: ¿desde cuándo estaba ahí? ¿Y cómo conocía la existencia de humanos si allí no los había? ¿Cómo era posible que los recordase?
Empezó a sonar algo desde los cielos, no sabía qué era, intenté huir, corrí, en busca de una respuesta, salir de ahí y escapar del ruido, que algo me sacase de dudas y en uno de los pasos no toqué el suelo, sino que caí, caí en una espiral de silencio y oscuridad hasta el fin de la eternidad de aquel lugar.
Entonces lo entendí…
Desperté. A mi derecha tenía el despertador, era ese el ruido. Me dolía todo el cuerpo. Tenía un extraño sabor en la boca y olor a sudado entraba por mi nariz. Levanté la cabeza y vi un mundo que nada tenía que ver con el otro. Hundí mi cara en mis manos y las llené de lágrimas.
Jamás volví allí.
Somnis extra